Según cuenta Juan Carlos de la Mata en su
libro "Antecedentes, Origen y evolución de la Fiesta del Toro Enmaromado, no
hay constancia de cuando se inició este acto.
La primera referencia se encuentra en el
libro de acuerdos municipales, que en su sesión del 1 de Mayo de 1908, siendo
Alcalde de la villa D. Bernardo Valbuena Mañanes, y ante la Real Orden del
Ministro de la Gobernación
D. Juan de la Cierva prohibiendo la "costumbre
arraigada en muchas localidades de organizar capeas o corridas de toros en
calles y plazas públicas sin las precauciones necesarias para evitar
desgracias personales, exige adopte las medidas indispensables a fin de que no
se consienta en adelante esos peligrosos espectáculos", puso en
conocimiento de la corporación:
"... que el
día de la Veguilla siguiendo tradicional costumbre se había pedido por el
pueblo se concediese el toro enmaromado que de tiempo inmemorial viene
corriéndose por las calles la víspera del Corpus y que había contestado a los
peticionarios que en virtud de la Real Orden del Ministerio de la Gobernación
fecha 5 de febrero último no podía accederse a la pretensión pero que lo
pondría en conocimiento de la corporación. Esta por unanimidad acordó no poder
acceder a las pretensiones formuladas ante la presidencia aprobando la
conducta seguida por ésta"
Dos hechos se ponen de manifiesto en este
acuerdo aparte de acatar la suspensión del acto, uno es la petición popular
del toro el día de la patrona que es denominada como "tradicional costumbre",
aunque las actas guardan silencio sobre esta petición tal vez porque no
requiere mayores preparativos. El otro hecho que ya venía apreciándose en la
documentación del siglo XIX es que es la iniciativa popular la que promueve el
festejo y el Ayuntamiento quien accede a esta petición del pueblo
Desde este año 1908 hasta 1938, las actas
municipales solo hacen
mención de los gastos ocasionados con motivo de la festividad del Corpus.
En 1939 se recuperó la tradición,
siendo entonces sufragados todos los gastos del toro por todos los vecinos,
mediante colecta voluntaria, costumbre que se mantiene por varias décadas. La
carne del toro una vez muerto se repartía entre los pobres, posteriormente
pasó a venderse para atender los gastos, si bien a su cargo se efectuaba un
donativo a los centros benéficos de la localidad.
Los jóvenes hubieron de ser adiestrados en el
manejo de la maroma y
demás particularidades después de mas de treinta años. Durante los cuales los
benaventanos se vieron privados a golpe de decreto de su querida fiesta por
una injusta decisión de carácter general que abarcó a todas las fiestas
"similares" de una forma indiscriminada y sin tener en cuenta sus
peculiaridades.
Después
de estos 30 años de sequía taurina en Benavente, parece claro pensar que a partir de ese
momento los mozos gritaran más que nunca "toro, toro, toro"